Sin duda alguna que, la adaptación hecha por el director Rob Marshall; de la novela de Arthur Golden: Memorias de una Geisha es un excelente trabajo artístico. Por algo el film ganó recientemente tres premios Oscar, a saber: Mejor Dirección de Arte, Mejor Fotografía y Mejor Vestuario.
En el domingo de cine, me dejé entonces cautivar por la historia de Sayuri. La pequeña niña japonesa arrancada de una humilde aldea y llevada a un Hannamachi (Barrio de Geishas), donde además de encontrarse con una realidad dura y de trabajo, descubrirá el camino que la llevará directamente a su destino, envuelta en una historia de amor imposible.
La película está ambientada en el Japón de los años 30, en medio de su transformación a la modernidad, donde algunas tradiciones van sucumbiendo ante nuevas realidades.
Memorias de una Geisha tiene ciertamente una fotografía bellísima, de las mejores que se han visto en el cine, el manejo del color en múltiples escenas es sumamente cautivador. Para mí resalta la escena de la danza de Sayuri. La importancia y belleza de los kimonos en esta cultura, hace evidente por qué el film gana el Mejor Vestuario.
Me decepcionó bastante el hecho de que toda la peli haya sido en inglés. Quizá esperaba que el japonés le diera la fuerza que le falta definitivamente a la cinta, no te aburres pero algo faltó. Choca mucho ver kimonos, Maikos, Dannas, Casas de Té y toda una ambientación bien particular totalmente interpretada por algunos actores chinos, dialogando in english.
Otro detalle para mí, fue la representación del barrio en que se desenvuelve buena parte de la historia. Se entiende las limitaciones de filmar en locaciones reales sin interferir en determinada comunidad o tratar de evitar que no salga algún edificio moderno, pero se ve bastante acartonado todo, cosa que desdice de la sencillez de la arquitectura tradicional japonesa.
La actuación de los personajes es muy buena, aunque en algunos casos faltó mayor expresión. Suzuka Ohgo, la niña que interpreta a Chiyo, lo hace magistralmente, así como: Zhang Ziyi (Sayuri) y Gong Li (Hatsumomo) la rival de Sayuri…
Es en definitiva una muy buena recomendación para estos días, así que en lo que tengan oportunidad, no dejen de zambullirse en el hannamachi para conocer esta conmovedora historia japonesa.

ya que has quedado con ganas de japonés, sugiero que busques la versión que han pasado en japón y le enchufes los subtítulos en español.
;)
La vi hace quince días. Ciertamente una obra de arte en fotografía y vestuario, sin embargo hay algo en lo que falta fuerza, quizás sea que es demasiado lineal (como el libro). Creo que para llevar al cine una historia como esta: bonita, lineal y simple hay que darle fuerza en elementos propiamente cinematográficos como la edición, o justamente eso que mencionas sobre el idioma. Me quedé con la sensación de "falta algo a esta hermosura".
Un detalle más: buen momento para buscar más actores de fenotipo asiático, la verdad es que termina pareciendo un reencuentro de los actores de El Tigre y el Dragón, Ana y El Rey, Kill Bill y faltaba Mr. Miyagi de Karate Kid (lamentablemente fallecido hace poco)... Chinos pónganse las pilas!!! La meca del cine los espera!!!!
...jaja!
Muy bueno eso del encuentro de actores.
Pues ven, japón presente. Además ganaron el mundial de Yakyu (beisbol en japonés).
Puro samurai! jaja!
Carlos: ...buena idea esa de los subtítulos, no se me ocurre porque no soy tan adicto al DEVEDE.
:)
Creo que el protagonista de Ana y El Rey es también el capitán del equipo de beisbol de Japón, vende las papitas en el estadium y las cotufas en el cine. Lo vi en una foto.