¡Insisto!

Ojalá no me dejes pasar y este post no es una estrategia, mucho menos una táctica para conquistarte, es mucho menos que eso, mucho menos estructurado, sin forma, sin intención.

Se parece más a un fracaso. Pequeño, insignificante, desapercibido, sin valor alguno. Un fracaso, como cuando cuentas un chiste y la audiencia ni siquiera parpadea.

Ojalá no me dejes pasar y este post no pretende ser recordado, por el contrario. Olvídalo pronto para que llegue más rápido el día en el que me gano tu cariño, a pesar; a pesar de los terceros.

Que Panchito dice que ahora debo andar con guardaespaldas, que por andar de clandestino me meto en líos y que él no siempre me va a rescatar. Yo le digo que así sucede, que uno no lo controla todo (a pesar de que queramos) y que debería hacer un espacio para continuar, para respetar y continuar.

Ojalá no me dejes pasar, para que estas palabras necias de media noche no sean un sub-poema melancólico y decadente, absurdo en sí mismo... incoherente y masoquista.

Vamos, que no quiero que me esperen en una esquina para reclamarme la mirada que se antoja en verte cada vez que puedo, cada vez que me recuerdas que esto no es una estrategia sino un fracaso; pequeño, insignificante y desapercibido.

Vale, que si me esperan en la esquina se van a encontrar con un hombre, con ese cariño a cuestas, que te mueres por conocer.