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La Coctelera

Intento escribir. Hago garabatos en el papel pero la verdad es que estoy demasiado desconcentrado, pienso y pienso, me pierdo a lo lejos y la palabra se acumula en la garganta, cuando de pronto, un avión metálico da contra mi cabeza y me saca bruscamente de mis adentros...

-¡ja! ¡ja! ¡ja! –Ríe a carcajada suelta el intrépido Panchito, ¡piloto del Spitfire!- ¡He dado en el blanco don Emilio!

Yo, un poco nublado por el tremendo golpe recibido en toda la sien, apenas y me recuperé para responder:

-¡ah! El Don Panchito piloto... ¡casi me matas del susto!... y del golpe! -murmuré-.
-Es que te vi un poco distraído Capitán, –dijo- un piloto no puede darse esos lujos, o podría costarle la caída en combate.
-...mmm sí ¿no? –dije mirando al chamo mientras recogía su avión del suelo-

El pequeño se me acercó y con su manita, acarició justo donde el avioncito me había dado y a manera de sermón dijo:

-Perdóname Emilito, no quise lastimarte. Eso es para que sepas que a veces la vida nos da duro con sus golpes, pero debes recordar... ó aprender a levantarte luego de cada uno de ellos, con el tiempo podrás verlos venir y dar maniobra evasiva para salir airoso de cualquier embate enemigo.

Me quedé en silencio una vez más ante la sabiduría de este niño-luz, y en parte avergonzado de estar a mis años recibiendo sermones, tan sencillos pero tan trascendentales.

Panchito, Cuento II
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1 comentario

  1. laveron

    me recordaste algo...
    voy a escribirlo en mi blog y cuando lo haya publicado te darás cuenta qué es.

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