Esto lo escribí hace un tiempo atrás, hay la intención de desarrollar una historia, pero ya ven, el tiempo arrolla.
Anyway. En este fin de semana, sacudo el polvo a la palabra y les dejo esto.
Saludos,
->beto
Don Aurelio era un viejo muy pícaro y jovial. A sus setenta y tantos, decía que todavía sufría de ese mal terrible e incurable que, según él, atacaba a todos los hombres apenas se desarrollaban y que no era otro más que: pensar y desear estar con una mujer.
Que eso era algo como de brujería, como de hechizo de la juventud. Una especie de maldición que se apoderaba del cuerpo y del alma de los hombres y que él siempre había imaginado que se le quitaría cuando pasara de los sesenta años ó, inmediatamente después de haber muerto Doña Laura, que dios la tenga en su santa gloria.
Se quejaba Don Aurelio aquel día empuñando el bastón, pues decía que ni con los años que llevaba a cuestas ni con la ausencia de la señora Laura, se le había quitado eso de sentir un “sustito en el pecho”, cada vez que alguna mujer pasaba enfrente de su mirada añeja. -Yo soy un viejo muy enamorao-, dijo resignándose y, admitía que cortejar a una mujer era una de esas ilusiones que lo mantenía vivo a estas alturas del mundo y sobre todo lo ayudaba a soportar todos los calendarios que llevaba puestos encima.
